«Los sanitarios intentan hacerlo lo mejor posible, pero están sobrecargados»
El Defensor del Paciente advierte de que el cansancio de los sanitarios puede ocasionar negligencias.:: SUR.
A título individual habrá opiniones para todos los gustos, pero los colectivos malagueños que agrupan a pacientes coinciden en alabar el trabajo de los médicos, enfermeras y auxiliares de los centros de salud y hospitales de la provincia. A juicio de varias asociaciones consultadas por este periódico, estos profesionales están dando la talla a pesar de que les han tocado el bolsillo, cuentan con menos recursos y están soportando más presión laboral. Eso no quita, sin embargo, que consideren que está bajando la calidad de la asistencia en la sanidad pública y que el usuario es el principal perjudicado por los recortes.
«Intentan hacer su trabajo lo mejor posible, pero están sobrecargados», señala Francisco Damián Vázquez Jiménez, representante del Defensor del Paciente en Málaga. Para este letrado, el aumento de las listas de espera, la disminución de contrataciones o el cierre de plantas en hospitales «incide totalmente en el bienestar del paciente» y provocan una «deshumanización» de la sanidad. Esto, a su juicio, es «imputable a la administración sanitaria», para quien «somos un mero número». «Estamos totalmente abandonados», denuncia.
Aunque intenten que esto no ocurra, según Vázquez el malestar de los sanitarios acaba trasladándose a los ciudadanos a los que atienden. «A veces los médicos están tan sobrecargados que no tienen más capacidad», apunta este abogado, que afirma que el cansancio de estos profesionales puede encontrarse detrás del aumento de las denuncias por presuntas negligencias médicas.
Menos efectividad
«Por lo general, el personal sanitario está dando la talla demasiado bien. Con jornadas del 75% siguen haciendo el mismo trabajo, pero la efectividad no puede ser la misma». Es el diagnóstico de la presidenta de una asociación de pacientes de la provincia, que afirma que aunque no se ponen reclamaciones, «normalmente el paciente sale disgustado del hospital porque le han dado el alta antes de tiempo o porque ha estado esperando más de la cuenta».
La presidenta de la Asociación de Artritis Reumatoide (Amare), Remedios Gómez, tampoco tiene queja de los médicos, enfermeras y auxiliares. «Por ellos me quito el sombrero, el apoyo a los enfermos crónicos es espectacular», señala. Convencida de que los profesionales no protestan porque le hayan bajado el sueldo «sino por defender a los pacientes», afirma que a pesar de tener menos recursos se esfuerzan por dar un trato «personalizado».
Afirman que su vocación y profesionalidad están por encima de cualquier recorte y que el paciente sigue siendo lo primero para ellos a pesar de soportar más trabajo por el que cobran menos. Pero el sobreesfuerzo que están realizando muchos profesionales sanitarios no consigue suplir la reducción de personal y de materiales, que empieza a notarse en la atención que reciben los enfermos durante su paso por los hospitales públicos malagueños. Así lo confirman médicos, enfermeras y auxiliares consultados por este periódico, que advierten de que los procesos asistenciales se están viendo afectados por los tijeretazos que está soportando el sistema público de salud por parte de la administración. Material escaso y de peor calidad, dificultad para atender con rapidez a los usuarios en sus habitaciones o profesionales que tienen que trabajar en áreas que no controlan son algunas de las quejas recurrentes de sanitarios que insisten en que intentan que el enfermo note lo menos posible los efectos de los recortes a costa de quedarse más horas en el trabajo para acabar las tareas pendientes o recorrer kilómetros cada día corriendo de un sitio a otro para atender lo más rápido posible a las personas ingresadas.
Es una cuestión de lógica. Como dice el presidente del Colegio Oficial de Médicos de Málaga, Juan José Sánchez Luque, «con menos no se puede hacer más». Asu entender, lo que está pasando es que «la siembra de recortes que se ha hecho está dando sus frutos negativos», provocando «una sensación de impotencia que comparten médicos y pacientes».
La reducción de la jornada al 75% de buena parte de los profesionales que trabajan en la sanidad malagueña –según los sindicatos aproximadamente medio millar de médicos no están al 100%– y la no cobertura de bajas o jubilaciones empiezan a repercutir en la atención a los enfermos. Sanitarios y asociaciones de pacientes coinciden en que todos los procesos asistenciales se ralentizan y que el tiempo de dedicación al paciente se ha visto reducido considerablemente, tanto en consultas como en ingresos. Además de la prolongación de la espera para hacerse una prueba diagnóstica, ver al especialista o someterse a una intervención quirúrgica, en el día a día los recortes ya se notan en el bienestar del paciente.
Así, varios enfermeros y auxiliares cuentan a SUR que el incremento de la ratio de enfermos que tienen que atender provoca que no puedan acudir con rapidez a la habitación cuando se les llama o que no puedan dedicarle tiempo para darle consejos de salud tras una operación, como sí hacían antes, que se retrase la toma de la medicación o el aseo y que ni siquiera puedan permitirse el ‘lujo’ de mantener una conversación, algo que consideran muy importante para mejorar el estado anímico y también de salud del paciente.
Aseo
«Si estoy atendiendo a otra persona puedo tardar media en acudir cuando llaman al timbre», señala una auxiliar de enfermería que cuenta que esto puede conllevar que una persona que se ha hecho encima sus necesidades esté todo ese tiempo sin cambiarse. «Vamos corriendo todo el día, pero no puedo dividirme», apunta.
Tener que hacerse cargo de más enfermos porque hay menos personal o porque algún compañero tiene que acudir a otro servicio donde se le requiere hace en algunos casos que, por ejemplo, el horario para el aseo de los pacientes se prolongue más de la cuenta. «Si llega la hora de comer tengo que parar, así que puedo lavar a los últimos pacientes después de las dos de la tarde», señala otra auxiliar.
El reparto de medicación o los cambios posturales se demoran si se acumula el trabajo, algo cada vez más frecuente, según las fuentes, que denuncian el recorte en materiales que utilizan a diario y en la calidad del mismo, como el instrumental necesario para las vías. Según coinciden varios enfermeros y auxiliares, este se rompe con facilidad y obliga a pinchar varias veces al enfermo. Las llaves ‘de tres pasos’ por las que se inyecta la medicación también son motivo de críticas: «No enroscan bien y puede refluir sangre o líquido», explica una enfermera que dice que se lleva una linterna de casa para mirarle las pupilas a sus pacientes. «Antes nos daban mucho material, pero han cortado el grifo», apunta. Una auxiliar se queja de que apenas tienen mantas en la planta de cirugía en la que trabaja para tapar a las personas que llegan tras una intervención.
Diagnósticos «virtuales»
La falta de tiempo ha hecho que los diagnósticos que tienen que hacer los enfermeros tras un ingreso no sean reales, según advierte uno de ellos: «No tengo tiempo de ver al paciente, pero me obligan a meter los datos en el ordenador, así que hago un informe virtual que voy ampliando después cuando visito al enfermo, y elaboro un plan de cuidados estándar en lugar de personalizado como debería ser», dice. «Hay cosas que, aunque no ponen en riesgo la salud de nadie, son necesarias y hay que posponerlas, por ejemplo si tengo que cambiar el apósito cada 24 horas, lo hago cada 48», admite otro profesional. Desde el Sindicato de Enfermería (SATSE) reconocen la pérdida de calidad en los cuidados a pesar del «esfuerzo de los enfermeros».
La ausencia de contrataciones y la excesiva rotación del personal está provocando una situación sobre la que alertan estos profesionales: hay sanitarios que se ven obligados a trabajar en servicios que no controlan. Es el caso de una enfermera que lleva unos meses en el área de críticos de un hospital y que admite que desconoce el funcionamiento de los aparatos o la medicación que toman los enfermos. «Tengo que buscarme la vida preguntando a los compañeros», cuenta.
En el caso de los médicos, algunos de los consultados hacen hincapié en que la reducción de horario de numerosos profesionales hace que no pueda existir una continuidad en la atención al enfermo o que se demoren o acorten las visitas a la habitación. No obstante, llaman principalmente la atención sobre la repercusión de los recortes en las consultas, operaciones y pruebas diagnósticas.
La falta de auxiliares o enfermeros que acompañen al especialista en la consulta ocasiona que el facultativo le dedique más tiempo al ordenador en busca de pruebas previas que al propio enfermo. En este colectivo también han notado la escasez de material: «Faltan cosas para curas y hemos llegado a no tener papel para imprimir los informes», apunta un doctor de medicina interna.
«La lista de espera está disparada y maquillada», apunta otro profesional que advierte de que los retrasos en las pruebas diagnósticas están ocasionando, por ejemplo, que un enfermo tenga que esperar hasta ocho meses para hacerse una colonoscopia si la quiere con sedación. Según él, antes la demora era de unos 60 días.
La versión de Salud
La desmotivación y el desánimo que sienten estos profesionales hacen que se impliquen menos «a nivel administrativo», según un cardiólogo. «Nos dedicamos exclusivamente al paciente», apunta otro especialista, que afirma que reciben presiones «para que demos todas las altas posibles». «Con los recortes se enlentecen todos los procesos asistenciales», apunta otro facultativo, que advierte de que entre sus colegas «hay un malestar generalizado». «Estamos aguantando para no trasladar nuestro desánimo al paciente, pero esto es una olla a presión», alerta.
El delegado de Salud, Daniel Pérez, niega que la existencia de contratos al 75% repercuta en los pacientes porque esas horas las suple el resto de personal «que trabaja diez horas mensuales más». No obstante, admite que por una cuestión organizativa el hecho de que haya menos trabajadores
Fuente Diario Sur 1 Diario Sur 2